Opinarg

Nos quejamos? ¿o mejor nos beneficiamos?


25 de septiembre de 2018

* Por Dr. Marcelo Suárez, Especialista en Clínica Médica, MN 73796

Aprendamos a respetar mucho a la queja, ya que esta es muy, pero muy dañina: nos conecta con lo que nos falta, nos angustia, nos enoja, nos arruga, nos inmunodistrae, nos estresa y podría seguir, pero no quiero que nadie se queje de lo extensa que es esta columna.

Más allá de la humorada, es evidente que la queja no ofrece nada bueno. Desde lo estrictamente químico, el estrés que genera la queja produce una exagerada liberación de cortisol (hormona del stress), que sostenida en el tiempo explicaría las complicaciones antes descriptas. La repetición genera un circuito cerebral que nos hace más fácil la queja, ya que es traducida como un entrenamiento -muy nocivo, por cierto- pero entrenamiento al fin. He sido muy simple y práctico en la explicación química, justamente, para que nadie se queje.

Entonces doctor -diría alguien quejoso- aceptamos todo, lo dejamos todo así, total, viva la pepa”. Yo le sugeriría que lo de aceptar lo acepto, pero lo demás claramente no. Quejarse no es resolver, resolver (que en definitiva es lo que imagino todos quieren), es aceptar lo que está sucediendo y actuar en consecuencia para que deje de suceder, y si yo no sé resolverlo, acepto eso y lo tercerizo.

Hay un cuadrante que, según dicen, desarrolló Dwight Eisenhower (presidente de Estados Unidos entre 1953 y 1961) para organizar sus tareas diarias, inspirado en el creador Stephen Covey, escritor del libro “Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas”:

 

                                             URGENTE NO URGENTE

IMPORTANTE                    HACER DECIDIR

                Hacerlo ahora               Destinar hs para hacer las tareas

 

 

NO IMPORTANTE             DELEGAR               ELIMINAR

¿Quién puede hacerlo por ti?                 Borrar estas tareas por completo

 

No hay mucho más que decir. Si me detengo unos minutos a organizar mi día con este cuadro, y pongo donde corresponde cada situación a resolver (problema, diría el quejoso), desaparece automáticamente, ya que lo resuelvo yo, lo delego, lo agendo o lo olvido.

 

Ok doctor, pero hay cosas en la vida que no son tan fáciles de evitar y eso realmente me molesta”, podrían argumentar. Y no lo niego, eso es verdad. Pero esas cosas nunca desaparecerán, y según donde y como decidas vivir, serán cada vez más complicadas. Por lo tanto, si no creás una estrategia saludable para enfrentarlas terminarás desarrollando un personaje muy nocivo para vos mismo y para tu entorno. Seguro te acordás de esta frase: “El problema no es lo que pasa a mi alrededor, el problema es qué es lo que hago o cómo reacciono con eso que pasa a mi alrededor”.

 

Algo se puede hacer, y lo fui adelantando con el cuadro de arriba. Pero además se puede transmitir la molestia (queja), a unos pocos, solo a los necesarios; al protagonista o coprotagonista en cuestión, al terapeuta (si lo hubiera) y quizás a algún amigo. Porque cada vez que transmitas esa queja a alguien, volverás a padecer todos sus perjuicios y fortalecerás el personaje equivocado.

 

De todas maneras, y aquí tal vez venga lo más difícil o el ejercicio más avanzado: NO QUEJARSE. Y les prometo que esto se entrena, pero esta vez ese entrenamiento generará el circuito más maravilloso del mundo; el de la ACEPTACIÓN.

 

En definitiva; las cosas pasan y seguirán pasando y solo te afectarán eternamente si vos lo decidís. Alarguemos los buenos años y decidamos saludablemente cómo lidiar con otra complicada y permanente tentación del planeta.

 

Para más información, ingresar en www.doctormarcelosuarez.com o telefónicamente al (011)  5244-8029/31/32.

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