Opinarg

Gucci deja al público atónito con la actuación de Jane Birkin en su desfile


25 de septiembre de 2018

Alessandro Michele ha vuelto a dar una lección de creatividad a la industria


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Pasen, vean y también lean. No tengan miedo. Este es un mundo fascinante, tenebroso y, en gran medida, desconocido. Antes de nada, el director de la obra os quiere mostrar un pequeño teaser de lo que van a ver. Tres, dos, uno...Entramos en la mente de Alessandro Michele. No hay campos de flores, ni arco iris, ni siquiera se ve un rayo de luz. 

Videos caseros de estética retro sacados de una película de terror de los 80 resonaban por las paredes del viejo teatro Le Palace, el histórico club underground de finales de los 70. Sombras, ruidos y gritos. La fórmula de Michele pasa por la recuperación de la magia de lo vintage, de lo esencialmente puro, y sí, es tremendamente efectivo.

Se cierra el telón, pero el show no ha hecho más que comenzar. “Todo está un poco polvoriento aquí, un poco abandonado, pero es hermoso. Este lugar está lleno de vida”, dijo el director creativo de Gucci a Vogue UK. Sale la primera modelo y todo el público, agarrado a sus butacas, no puede dejar de seguirla con la mirada. 

Gucci es exceso, son mezclas imposibles, brillos, plumas, flecos, todo a la vez. La discreción no forma parte del vocabulario de Michele. Hoy, él representa la creatividad más vibrante y estremecedora de la industria. “Las modelos podrían haber venido al club nocturno a pasar una noche sin más”, comentó. 

 

Gucci es exceso, son mezclas imposibles, brillos, plumas, flecos, todo a la vez. La discreción no forma parte del vocabulario de Michele

Glitter, lurex, flecos, plumas de avestruz, pantalones vaqueros cortados y atados con cadenas, en cambio otros tenían fresas. También había un chico en calzoncillos -no con unos cualquiera- con el logo de Gucci. Entre pase y pase se colaba algún diseño con más minimalismo de lo habitual, con menos superposiciones.

Las luces bajan su intensidad y los modelos se colocan sobre el escenario principal. Este, completamente a oscuras. De repente, tras el primer acto suena una voz dulce, firme y particularmente conocida. Los focos coinciden en señalar a una misma estrella: Jane Birkin, la gran sorpresa de la noche, interpretando en directo su Baby Alone in Babylone

Se abre el segundo acto y, bajo una atmósfera de magnificencia, continúan las modelos el show como poseídas por la música. Las sintonías varían, a veces Verdi, después Brams y vuelve Birkin. El caos de Michelle es tan abrumador como jodidamente maravilloso.

 

 

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