Opinarg

BRASIl: batalla electoral entre la centro izquierda y la extrema derecha y su conexión con Argentina


05 de octubre de 2018

Por Oscar Cuartango, ex Ministro de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires

El próximo Domingo 7 de octubre, y con más de 147 millones de personas habilitadas para votar, se llevará a cabo la elección presidencial en Brasil.

 

Es bueno recordar que, en el contexto mundial, Brasil  cuenta entre su población con el 25 % de pobres, aproximadamente 11 millones de personas viven en favelas (su versión de nuestras villas) duplicando la cantidad que había hace nada más que cinco años atrás.

 

De un total de 10 candidatos a presidente que se presentan, hay una sola mujer (Marina Silva) quien solo cuenta con un 5 %  de intención de voto en las encuestas y  los que las encabezan son Jair Bolsonaro en primer lugar y muy próximo Fernando Haddad.

 

Esos dos candidatos, representan proyectos diametralmente opuestos: Fernando Haddad, que era el candidato a Vice Presidente de Luiz Inacio da Silva (Lula) es ungido candidato a presidente por la unión de partidos nucleados en torno al P.T. Haddad fue Ministro de Educación, Alcalde de San Pablo y  la campaña está estructurada en torno al lema: “El pueblo será feliz de nuevo”.

 

A la fecha, por poca diferencia encabeza las encuestas, Jair Bolsonaro,  y  su lema de campaña es: “Brasil y dios por encima de todo” 

 

Bolsonaro es una persona muy particular, lidera el voto de la derecha brasileña apelando al voto por un orden, disciplina, honestidad y mejor futuro.

 

Haciendo un poco de historia, recordemos que el vedado candidato Luiz Inacio da Silva (Lula) fue presidente de su país entre el 2003 y 2011. 

 

Cifras oficiales, compartidas aún por  la oposición calculan que durante su gobierno más de 20 millones de brasileños salieron de la  pobreza. Su proyecto y promesa de gobierno “hambre 0” no tuvo cuestionamiento de la oposición y decir hambre Cero en Brasil no es poca cosa.

 

Por otra parte, su sucesora Dilma Rousseff, que fuera destituida por el parlamento el 31 de agosto de 2016 no fue cuestionada por corrupción sino por violar leyes presupuestarias, algo así como destinar partidas para otra cuestión que no sea la determinada pero sin caer en delito alguno. 

 

Dilma, fue sucedida por quien por acuerdo entre partidos fuera su vice, Michel Témer,  pudiéndose encontrar alguna similitud con quien dijo en un momento “mi voto, es no positivo”, y según muchos una persona digna de temer, que cuenta con varios procesos sin resolución.

 

En los últimos dos años, desde que gobierna Témer, crecen la inflación, el desempleo, la pérdida del poder adquisitivo de salarios y de beneficios previsionales, los derechos laborales, la baja del PBI y continúa la lista de indicadores negativos, son otras similitudes con nuestro país.

 

Témer cuenta con la más baja popularidad que se ha registrado en los últimos tiempos,  domina la mayoría de los medios de comunicación y condena mediáticamente  a todo lo anterior antes aún de ser acusado, acusando de todos los males al "populismo" del gobierno de Lula.

 

Utilizando  una frase muy conocida; “cualquier similitud con nuestra realidad es mera coincidencia”

 

Tal vez no sea casual que los medios de comunicación “orienten” la opinión de nuestros pueblos, tampoco que lo popular sea tildado de corrupto.

 

En este punto es necesario aclarar que un gobierno populista es una forma política que sostiene la importancia de la persona común sobre las élites. Por supuesto, puede ser democrático o autoritario, pero su contracara siempre es un gobierno guiado por el  liberalismo, que beneficia a sectores particulares, situación que padecemos en nuestro país y ha sido materia de mis columnas anteriores.

 

El populismo remite a una heterogeneidad tal que abarca una expresión o forma política, movimientos, partidos, gobiernos y regímenes, también rasgos tales como desarrollismo,  movimiento de masas, y partidos políticos policlasistas. Pero es inevitable reconocer que el populismo adoptó una política económica redistributiva, y en términos de ideología, construía un antagonista ante las oligarquías 

 

Entonces, a diferencia de aquellos que consideran al populismo como algo anacrónico, dictatorial y regresivo, no podemos dejar de reconocer que enarboló nociones de pueblo, de soberanía, de Estado  y de unidad popular en un momento donde todo esto está absolutamente golpeado y herido.

 

Un gobierno típicamente popular, fue el del Gral Perón. Durante su gestión al frente de la Secretaría de Trabajo además de dirimir conflictos específicos, por la vía de contratos colectivos, se extendió el régimen de jubilaciones, de vacaciones pagas, de accidentes de trabajo, se ajustaron las categorías ocupacionales y en general se equilibraron las relaciones entre obreros y patrones, e incluso extendió estos criterios al mundo rural con el Estatuto del Peón, que se regía hasta ese momento en forma privada.

 

Una vez en la presidencia, El Estado benefactor de Perón contribuyó decididamente a la elevación del nivel de vida de los ciudadanos con mejora de la salud pública, planes de vivienda, construcción de escuelas y colegios, organización del sistema jubilatorio, salarios mínimos y demás, consolidando la "clase obrera" y los sindicatos como nexo con el gobierno y la patronal.

 

Brasil, tal vez sea la inmensa locomotora que lleve a nuestro continente a un mejor futuro. 

Como nada es casual, todo nos debe importar. El futuro del gran país hermano tendrá que ver muchísimo con el nuestro.  Esperamos este domingo con nuestra mayor atención pues volviendo al  inicio de esta nota; una batalla electoral en una creciente polarización se llevará a cabo en Brasil manejado en gran medida por los medios de prensa y los centros de poder: nos debe importar, esperemos el resultado eleccionario y confiemos en la sabiduría popular.  

Compartir esta nota en